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Al recibir la noticia de que padeces esta enfermedad, probablemente en lo último que piensas es en cómo afectará a tu vida sexual. Pero desgraciadamente, un cáncer no se elimina de nuestro organismo en una semana ni en un mes. Si todo va bien, desde que recibimos la noticia hasta que le ganamos la guerra a esta enfermedad, puede pasar un año aproximadamente. Y este periodo de lucha no debe de ser sólo una lucha de supervivencia, sino de calidad de vida.

La sexualidad es parte del ser humano en cualquier etapa, tanto en la salud como en la enfermedad. Y en este sentido cabe destacar que el sexo tiene beneficios físicos y psicológicos, como fortalecer el sistema inmunológico y mejorar la autoestima, lo cual contribuye a superar esta difícil experiencia con mejor ánimo y bienestar.

Pero no es tan sencillo. Depende del tipo de cáncer y de la persona, algunos de los efectos que pueden producirse en la vida sexual son:

Bajada del deseo sexual, sequedad vaginal y dolor en la penetración, dificultad para alcanzar el orgasmo, disfunción eréctil. Algunos tipos de cáncer, especialmente los ginecológicos y de próstata, pueden causar este tipo de disfunciones sexuales, derivadas tanto por el factor físico como por el psicológico (depresión, ansiedad y estrés).

Alteración de la imagen corporal. Pasar por un cáncer altera nuestra apariencia física (cicatrices, pérdida del cabello, extirpación de alguna parte de nuestro cuerpo). Es habitual que estos cambios nos provoquen sentimientos de vulnerabilidad, miedo, inseguridad y vergüenza a la hora de tener relaciones sexuales, que pensemos que nuestra pareja no nos desea, que no le gustan los cambios que se han producido en nuestro cuerpo o que no pueda disfrutar del sexo como antes. Como consecuencia, se puede producir un distanciamiento de la pareja.

Entonces, ¿cómo vamos a disfrutar de la sexualidad si tenemos que convivir con estas dificultades?

Se estima que entre el 80 y el 90% de los pacientes no sufrirían gran parte de estas alteraciones si se les aconsejara sobre la sexualidad antes, durante y después del tratamiento. Así que vamos a ver algunas recomendaciones si te tienes que enfrentar a esta situación:

1. Si hemos perdido alguna parte de nuestro cuerpo, especialmente un seno o parte de algún órgano sexual, le podemos pedir a nuestra pareja que explore todo nuestro cuerpo, punto por punto, para descubrir nuevas zonas que nos proporcionen placer. Esta práctica es muy recomendable para cualquier pareja, estén viviendo esta enfermedad o no, ya que nos sirve para fortalecer tanto la intimidad como la comunicación, así como para familiarizarse con el propio cuerpo y, como consecuencia, disfrutar más de nuestra sexualidad.

2. Recordar que la sexualidad no es sólo genital, sino que también es comunicación y afecto. Disfrutar de un masaje íntimo con la pareja, de un baño o una ducha juntos, o de una cena romántica, pueden proporcionarnos también una sensación de placer, pasión e intimidad.

3. Hablar abiertamente con la pareja de la situación, y exponerle cómo nos sentimos, qué nos apetece y qué no nos apetece. Es fundamental que los dos miembros de la pareja se muestren compresivos y empáticos, poniéndose en el lugar del otro y respetando sus ritmos. Verse como un equipo capaz de superar cualquier cosa juntos, es la base de cualquier relación.

4. Tener presente que los cambios son pasajeros. Aunque en algunos casos la disfunción eréctil puede ser crónica, la mayoría de los efectos secundarios producidos por la quimioterapia o las alteraciones psicológicas del proceso, suelen remitir totalmente.

5. En caso de ser necesario, contar con la ayuda de un sexólogo o sexóloga nos puede guiar en este proceso y enseñarnos técnicas para reaprender a disfrutar y mejorar nuestra vida sexual.